Periodista

Una profesión incensurable

Son una pena las amenazas, intimidaciones, extorsiones y desplazamientos que han vivido nuestros reporteros debido a quienes buscan la obstrucción del ejercicio periodístico.

Por Liliana Zambrano Pacheco – lzambra1@eafit.edu.co

Hace menos de un año trabajo medio tiempo como periodista en la Agencia de Noticias de mi universidad. Dentro de la dinámica he aprendido una pequeña muestra del arduo mundo de quienes se desempeñan en esta labor. Implica más tiempo del que uno se imagina: habilidades para realizar preguntas, entrevistar, obtener la información requerida, redactar con ortografía impecable y, sobre todo, comunicar de forma asertiva la razón de cada nota.

En mi quehacer no debo cubrir catástrofes, ni masacres… No debo enfrentarme con el peligro ni esconderme de las balas. Tengo un trabajo bastante humilde. Para los grandes periodistas sería un simple ejercicio, quizá monótono y cuadriculado. Sin embargo, me ha llevado a sentir una profunda admiración por quienes algún día espero llamar colegas.

El buen periodista es para mí un ser incansable: hace del miedo su coraza protectora, lucha por su comunidad y la defiende. Está acostumbrado al rechazo de las fuentes, es versátil, no se rinde fácilmente, es íntegro. Un periodista debe lograr a toda costa buscar la verdad y, por ende, darla a conocer. Debe ser fuerte porque es sin lugar a dudas un alma indomable.

No deben callarlos, no deben censurarlos

Desde 1977 hasta 2016, según la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), hay registros de 152 casos de periodistas asesinados.

Es válido recordar la guerra que le declaró Pablo Escobar a El Espectador y cómo aquel 17 de diciembre de 1986 acabó con la vida de su director, Guillermo Cano.

El libro Las llaves del periódico (2008), escrito por Carlos Mario Correa Soto y Marco Antonio Mejía Torres, relata lo que vivió aquel noticiario: “no solo se había pagado con creces la muerte del director, destruido la sede en Bogotá, asesinado a dos de sus directivos y a un distribuidor en Medellín, desterrado a 18 trabajadores, sino que también se empeñó – Escobar – en mancillar la imagen del periódico”.

Aquel reportero y cronista, (uno de los autores del libro) que vivió siendo corresponsal en los tiempos del Cartel de Medellín, es actualmente un maestro que admiro. Él, quien se hace llamar El Periodista en la obra, fue amenazado en repetidas ocasiones por El Zar de la Cocaína y un día se dio cuenta de que el jefe de los sicarios, alias ‘El Chopo’, vivía en su mismo edificio…

Un relato que evidencia que el periodismo es de valientes, está hecho para los que ‘las tienen bien puestas’.

Son una pena las amenazas, intimidaciones, extorsiones y desplazamientos que han vivido nuestros reporteros debido a quienes buscan la obstrucción del ejercicio periodístico y aunque no sea una profesión lo suficientemente valorada es esencial en cualquier comunidad porque siempre han entendido, como lo dice El Periodista, que “la vida es una noticia que no termina”.

Nota: la imagen principal fue tomada de la cuenta de Flickr de Ester Vargas. Enlace foto: https://flic.kr/p/jATVUZ

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