Alumnas

Talento musical en el oriente antioqueño

En Cocorná, municipio a una hora y media de Medellín, cada familia tiene por los menos un músico entre sus integrantes. Hay talento. En las escuelas, los niños cantan sin desafinar. Y por esto, el Coro Infantil y Juvenil del municipio se ha convertido en el máximo representante de la Escuela de Música.

Por: María Alejandra Acosta Hernández – macost19@eafit.edu.co

Amaneció mientras llovía. Y el día quedó gris, iluminado con una luz blanca, cegadora. Intensa como la de los reflectores de los estadios de fútbol. Bajo esa luz se asomaba la fachada de la Escuela de Música de Cocorná. Muy blanca, inmaculada, sin rastros de grafitis, rayones o mugre. Y la casa se perdía bajo la luz.

Entrar a la casa es como bajar en caída libre. Las escalas son tan pequeñas que apenas caben los pies. En el piso inferior hay una puerta de madera color miel que da paso a un gran salón. El piso es de plástico y verde. Y a la izquierda se alza un espejo que cubre un cuarto de la pared. Junto a él, un tablero de acrílico.

Y en el tablero una canción: “Las canciones son palabras, son palabras de los pueblos, campanas que todos oyen, son voz que no tiene dueño. Por eso cuando cantamos hay un solo corazón, hay un solo corazón palpitando al mismo tiempo”. Dice el compositor boyacense Jorge Humberto Jiménez.

En el salón principal de la escuela, las regiones de Colombia suenan y se representan a través de sus instrumentos musicales: entre guitarras acústicas, tambores altos y bajos, flautas, maracas, chuchos y otros que se esconden dentro de los forros que los guardan.

Y el que quiera visitar la Escuela de Música de Cocorná puede hacerlo en cualquier momento. Siempre está abierta y nunca faltan sillas para ver los ensayos. Y para hacer parte de ella solo hay que pagar $3000 pesos al mes que se destinan al mantenimiento del lugar y de los instrumentos.

Inclusión musical

Son las dos de la tarde y en el gran salón están reunidos los profesores de la escuela. Ensayan. Al fondo, al lado del escritorio, se extiende una hilera de profesores frente a la puerta principal: Felipe Henao, Julio Paniagua, Wilmer Castaño, Daniela Gallego y Cristian Guarin. Pero no ensayan para la clase sino para Aguapané, un proyecto que surgió durante el Festival Cocornense de Música en marzo de este año.

“Queríamos que el festival trascendiera y le hicimos la propuesta a los organizadores de incluir un componente pedagógico dirigido a niños y jóvenes del área urbana y de algunas zonas rurales”, explica Gallego, la directora del coro infantil.

Mientras Gallego habla, sonríe y se desplaza de un lado a otro. Y cuenta que hace poco ganaron una convocatoria del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia a la que se presentaron con Aguapané, con el objetivo de difundir la música colombiana.

“Comenzamos en febrero y continuamos en marzo durante el festival. Pero queríamos llegar a más gente y para eso necesitábamos más recursos económicos, pues el transporte en zona rural es muy caro”. Y añade que gracias a haber ganado la convocatoria ahora tendrán cinco millones de pesos para llevar el proyecto a las veredas, en donde tienen programados entre ocho y diez conciertos didácticos programados para lo que queda de este año.

Los conciertos didácticos son aquellos que tienen un valor agregado: la educación. Así, en cada concierto, la audiencia puede experimentar con los instrumentos con que se interpreta la obra. Esto con el objetivo de que el público se acerque a la música. A nivel internacional esta actividad se hace también en España, México y Estados Unidos, pero no con el enfoque en la música tradicional, como sí es el caso de Aguapané.

Coro de Cocorná

Después de ensayar, los profesores se preparan para recibir a sus alumnos.

De vestido azul, tenis blancos y con el pelo recogido en un moño llegan veinte niñas del coro acompañadas de cuatro niños, más tímidos. Todas llevan una rosa de tela transparente, brillante. Los uniformes son pensados por la profesora Daniela y su mamá, quien a veces asiste como público a los ensayos.

Los integrantes del coro se saludan, alisan los pliegues del uniforme con las manos, perfeccionan su peinado en el gran espejo y miran a Daniela. Ella tiene un vestido negro, tenis blancos y un collar encadenado que sostiene un cupcakepues, además de cantar, su hobby es hornear cupcakes y decorarlos.

Empiezan a afinar. Un niño, silencioso y tímido, da el tono a seguir con su guitarra acústica. Sus compañeras responden al unísono. Con movimientos delicados, la directora guía a sus coristas entre las notas hasta terminar el calentamiento. Después, cantan una sencilla tonada en la que cada integrante propone un movimiento que luego se repite en cadena: primero giran la muñeca derecha, luego el pie izquierdo, el hombro derecho, la rodilla derecha se levanta y así hasta llegar al final de las dos filas de cantantes.

Elizabeth Castaño tiene dieciséis años y es la mayor del coro. Gracias a ella, el coro dejó de ser solo infantil y ahora también es juvenil. De voz melodiosa y dulce, canta junto a sus compañeras menores.  Cuando se gradúe del colegio quiere estudiar microbiología, pero ha decidido que donde vaya a estudiar lo primero que hará será buscar una escuela de música o agrupación para unirse.

“Quiero seguir para siempre con la música, es algo que llevo en la sangre pues en mi familia hay muchos músicos. Mi papá toca el trombón en la banda de Cocorná, tengo primas aquí en el coro y una tía que canta”, dice Elizabeth, mientras tres de sus compañeras menores la escuchan.

El coro es el mayor representante de la Escuela de Música de Cocorná. Ha estado en el Festival Nacional de la Música Colombiana, en Ibagué – Tolima, uno de los eventos favoritos de los estudiantes. También han representado al municipio en Cartagena y en el festival de música andina Antioquia le Canta a Colombia.

Ricardo Franco también hace parte del coro y, aunque no canta, hace las veces de manager: organiza eventos musicales, conecta al coro con festivales nacionales y hace parte del grupo que organiza el Festival Cocornense de Música.

A la Escuela de Música nunca le ha hecho falta financiación, pues ha contado con el apoyo de la Alcaldía del municipio, la Cooperativa Pío XII y la Asociación Comunitaria para el Desarrollo Social de Cocorná.

Daniela Gallego seguirá fomentando la tradición musical del municipio, esa que ha pasado entre generaciones y que ha significado miles de oportunidades para sus chicos. Así, planea también recuperar la tradición musical en otros lugares de Colombia, en donde la música colombiana ha pasado al olvido y ahora solo es recuerdo.

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