Maireth

Maireth Pérez, la vallenata que es figura de la Tricolor

En las calles del barrio La Nevada, en Valledupar, Maireth Alejandra Pérez se enamoró. No había cumplido seis años y ya sabía que ese amor siempre haría parte de su vida. Hoy, diez años después, es una de las figuras de la Selección colombiana de fútbol femenino. Bitácora cuenta su historia.

Por: Susana Panesso Vélez – spaness1@eafit.edu.co

Cuando era niña, a Maireth no le bastaba con jugar con los vecinos en la calle. Por más de un año le pidió a su papá que la inscribiera en una escuela de fútbol.

-Mañana te llevo, le decía su padre. Pensaba que era solo un capricho de niña.

-Tú eres como los presidentes: ¡prometes y prometes y nunca cumples nada!

Al día siguiente, ofendido por el comentario, llegó a la casa y le dijo: “Apague ese televisor, cámbiese y vámonos que la voy a llevar a un equipo de fútbol”.

Cero Grados era una selección infantil en el que no existía ninguna categoría para una niña de seis años. El primer partido lo jugó con niños que le doblaban la edad. “Fue terrible, en medio del partido le hice una gambeta a un jugador del otro equipo y le dio tanta rabia que me golpeó”.  Al final del encuentro le dijo a su papá que no quería volver a jugar. Pero una semana después, cuando se le pasó el dolor, pidió volver a los entrenamientos.

El talento de la niña era innegable, tanto que la escuela de fútbol El Futuro pidió a la jugadora prestada para viajar a competencias regionales y nacionales. En ese equipo, aunque aún jugaba con niños, existía la categoría pre-infantil y fue con ellos que Maireth se formó como futbolista.

Los primeros pasos

De los 6 a los 12 años, Pérez recorrió el caribe colombiano mientras disputaba torneos. A los ocho anotó el gol más recordado de su carrera futbolística. “Estábamos jugando la final de un torneo en Barranquilla. Faltaban dos minutos para que se acabara el partido. Alguien tiró un centro y no sé cómo cabeceé. Ni me di cuenta de que fue gol. Ya después me puse muy feliz porque con ese gol quedamos campeones”.

La visita a La Arenosa no fue determinante para el futuro de Maireth como sí lo fue el viaje a Sincelejo en el 2013. El 26 de marzo de ese año El Universal de Cartagena relató: “En el Festival de Escuelas, hay ocho niñas. Sin importarles el qué dirán y sus condición femenina, entre los más de tres mil niños participantes en el XVIII Festival Nacional de Escuelas de Fútbol de Asosucre, hay ocho niñas participando activamente de las competencias”. Una de ellas era Maireth.

En esos primeros pasos, también hubo tropiezos. “El primer penal que me comí fue en la semifinal de ese torneo. Si yo hacía el gol ganábamos y si lo botaba seguíamos cobrando. Lo boté y perdimos el partido”, cuenta. A pesar de que erró el penal, la jugadora de 12 años deslumbró a la tribuna donde se encontraban quienes se convertirían en sus futuras orientadoras.

Liliana Zapata, presidenta y cofundadora del club Formas Íntimas, y Luz Estela Zapata, asistente técnica del mismo club, además de tener el mismo apellido comparten la pasión por el fútbol y luchan por la inclusión de la mujer en el deporte. Por esa razón, ese año se encontraban en el departamento de Sucre buscando nuevas jugadoras.

La propuesta que recibió Maireth era tentadora: viajar a Medellín para jugar la Pony Fútbol. Esto le permitiría continuar con su formación como futbolista, pues en Valledupar ya jugaba poco porque, según explica, “ya se le notaba que era mujer”. Para ella era una oportunidad soñada, pero sus papás no querían mandarla a vivir sola a otra ciudad. Durante dos años la familia Pérez Ramírez recibió llamadas de Liliana y Luz, quienes insistían en querer a Maireth para su equipo.

Una vallenata en Medellín

En el 2014, la jugadora debutó finalmente en la Pony Fútbol. Lo hizo con el grupo B – Inder de Medellín, equipo que se coronó, ese año, como campeón del certamen. Gracias a su excelente rendimiento en la competencia, la vallenata de 14 años fue convocada para la Selección Antioquia, pero para hacer parte del seleccionado departamental era indispensable que viviera en la capital antioqueña.

Ante esa oportunidad, sus padres no pudieron negarse. Empacaron las maletas y empezaron una nueva vida en Medellín. “Me fue muy bien ese año con la Selección Antioquia. También quedé campeona de la Liga Antioqueña de Fútbol con Formas Íntimas y fui la goleadora de la competencia con 62 goles”.

Sin embargo, los padres de Pérez no tuvieron el mismo éxito que ella. A su madre no le gustó el clima de la ciudad y su padre no pudo conseguir trabajo. Regresaron a Valledupar antes de completar un año en la capital antioqueña. A su regreso a Valledupar, el sueño de Maireth se quedó en Medellín.

Liliana Zapata, quien veía el potencial de la delantera, después de muchas llamadas logró convencer a la familia de que la mandara de vuelta. “Viví todo un año sola en la Villa Deportiva que queda al frente del Estadio. Allá lo tenía todo, era muy chévere. Solo tenía que mantener el cuarto ordenado y bajar a comer porque ya la comida estaba lista. Sin embargo, fue muy duro. Lloré todos los días durante tres meses porque me hacían mucha falta mis papás”.

Retos y aprendizajes

Aprender a vivir sola no fue el único reto al que se enfrentó Maireth. Para ella, jugar fútbol con mujeres le resultaba muy extraño. Sentía que no encajaba. “Gracias a Dios, Lilo y Luz siempre estuvieron apoyándome. Con ellas siento como si tuviera tres mamás”.

Con el apoyo de su equipo, Maireth creció tanto en la cancha como fuera de ella: “Una vez en un partido contra Nacional la mamá de una niña me dijo ‘negra, india y lesbiana’. Después de eso aprendí que cuando uno juega fútbol está expuesto a todo lo que diga la gente”.

Desde Valledupar, su mamá también sintió que no podía vivir lejos de su hija y un año después su familia se volvió a mudar a Medellín. “Ahora vivo en Miraflores, pero todavía voy al colegio por La Floresta, allá están mis amigos. Todos los días me levanto a las cinco de la mañana, cojo el Tranvía y el Metro para llegar al colegio. Salgo de la jornada a las 12:30 y de ahí cojo directo para el entrenamiento. Ya cuando termino de entrenar me voy para la casa a hacer tareas”.

La selección, un sueño cumplido

El esfuerzo de la jugadora de Valledupar empezó a dar frutos en el 2016 cuando fue convocada por la Selección Colombia para el campeonato sudamericano sub-17. Pero sufrió un esguince de segundo grado tres semanas antes del viaje a Venezuela: “Yo me sentía por fuera de la selección porque un esguince de esos da hasta para seis semanas sin jugar”, comenta.

Maireth Pérez portando la tricolor durante el sudamericano sub-17 del 2016. Foto: Fútbol red

Las terapias intensivas a las que se sometió y el esfuerzo de la fisioterapeuta lograron que Maireth Pérez debutara con la tricolor el 2 de marzo de 2016. “El momento más feliz de mi vida fue cuando, en el primer partido del sudamericano, entré al camerino y vi mi apellido en la camiseta de la Selección Colombia”, recuerda. Aunque era la menor del equipo, su actuación en el campeonato fue sobresaliente: en el partido ante Ecuador anotó dos goles y fue elegida como la mejor jugadora del partido.

Las buenas noticias no pararon. En el 2017, con la creación de la liga profesional del fútbol femenino en Colombia, y la alianza que se formó entre Formas Íntimas y Envigado F.C,  Maireth se convirtió en jugadora profesional.

“Yo me siento responsable por mi familia porque mis papás desde pequeña han hecho muchos sacrificios. Ser profesional con 15 años es algo que los enorgullece y creo que tengo que seguir porque se merecen lo mejor y, de cierta forma, esta es mi manera de pagarles y devolverles todo lo que han hecho por mí”. Se le salen las lágrimas. Mira a otro lado. Disimula.

Sentada frente a la Cancha de El Dorado en Envigado, Maireth Pérez llora al hablar de los esfuerzos que ha hecho desde niña, y también por lo que ha logrado. Sensible como toda adolescente, llora la soledad de haber vivido un año alejada de su familia pero también por haber perdido química, su materia favorita. Llora por lo que le ha quitado el fútbol, por lo que le ha dado y por lo que le dará.

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